El estudio

Todos los sitios son el mismo sitio — incluido el de tu competencia.

Durante unos diez años mi trabajo fue estar en una sala donde nadie podía sostener las dos mitades de la conversación.

Dirigí el ecommerce de una de las empresas B2B2C más grandes de Chile. En su mejor momento, el canal que yo lideraba movía más de un millón de dólares al día, y el 54% de todo lo que la empresa vendía pasaba por canales digitales. A un lado de la mesa había gente que entendía el P&L y no sabía leer el sistema. Al otro lado había gente que sabía leer el sistema y a la que nunca le habían mostrado el P&L. Terminé en el medio, no porque lo planificara, sino porque era la única que se había tomado la molestia de aprender las dos cosas. En lo técnico soy autodidacta. Aprendí a leer código porque si no, las reuniones no servían de nada.

Ese trabajo te enseña algo que después no se puede desaprender: casi nadie está midiendo lo que cree que está midiendo.

Después me fui. No porque saliera mal — salió bien. Me fui porque quería construir directo, sin seis capas entre el trabajo y yo, y porque quería estar más en casa, con mi familia y mis nueve gatos. Pensé que iba a tomar unos pocos clientes. Ese sigue siendo el plan. Solo que se convirtieron en dieciséis.

Esto es lo que noté cuando salí al mercado y empecé a mirar negocios chicos en vez de uno grande.

Casi todas las páginas que me pedían revisar estaban bien. Bien de verdad: cargaban, se veían en el teléfono, alguien había elegido una tipografía decente. Y también eran, en todo lo que importa, la misma página que la del negocio de la esquina. La misma foto de portada, las mismas tres columnas, el mismo degradado suave, el mismo párrafo de “somos apasionados por”. Cuatro competidores en la misma ciudad usando lo que claramente es un solo sitio con logos distintos.

Los dueños lo sabían. Esa es la parte que se me quedó. Me decían algo como “tengo un sitio pero no me llega nada”, y debajo de esa frase había otra más callada: pagué por esto, se ve bien, y no te puedo decir qué hace.

Los dos problemas tienen la misma raíz. Cuando una página se arma con las mismas piezas que la de todo el mundo, no puede decir nada específico sobre ti. Y cuando nadie deja la medición conectada, no hay forma de saber si dijo algo. La industria se volvió muy buena para producir sitios que pasan la inspección y muy mala para producir sitios que se distingan o que se puedan revisar.

Así que esto es eso. Una boutique.

Lo digo en el sentido de tienda, no en el sentido de agencia. Una boutique no es la tienda cara. Es la chica, donde alguien eligió lo que hay, donde las cosas se ajustan a tu medida, y donde quien eligió es la misma persona que te atiende. Ese es el modelo, literal: pocos clientes a la vez, cada sitio dibujado para el negocio al que pertenece, midiendo desde el día que sale al aire, y yo en la llamada — no un ejecutivo de cuenta, no un junior, no una fila de tickets.

Los clientes son en su mayoría gente con negocios reales en Estados Unidos. Una notaria en Orlando. Agentes de seguros. Reparación de crédito. Una colección de villas de lujo en Saint-Tropez. Un broker en Miami cuyas propiedades valen más que la empresa completa de la mayoría de mis clientes. Un fundador de software que necesitaba estar en línea antes de que su presupuesto de publicidad empezara a quemarse. Varios de ellos atienden a clientes que hablan español, y por eso todo acá existe de verdad en los dos idiomas — no un botón, no una traducción automática: dos versiones reales.

Lo que tienen en común no es un rubro. Es que ya habían pasado la etapa en la que cualquier página servía, y nadie les había ofrecido una que fuera realmente suya.

Dos cosas a las que me comprometo, y me las puedes cobrar.

Tu sitio no se va a parecer al de nadie.

Ni al de tu competencia, ni al último que hice. Esa es toda la razón de tomar pocos clientes: si tomara más, empezaría a echar mano de piezas repetidas.

Vas a poder saber si funcionó.

Cada sitio sale midiendo, desde el primer día. No como extra, no en una segunda etapa. Si gastas un dólar en publicidad, deberías poder ver qué hizo ese dólar. Dos de mis clientes tuvieron eso funcionando dentro de las veinticuatro horas del lanzamiento, y te lo pueden contar ellos mismos.

Eso es todo. Esa es la tienda.

Trabajo desde Chile, en horario de la costa este. Es un dato de mi calendario, no un descuento.

No hay dos iguales.

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