Un portal de clientes
Tus clientes entran y ven lo suyo — pedidos, archivos, avances, facturas — en vez de escribir para preguntar en qué va.
Software construido en torno a cómo ya funciona tu negocio — cuentas, pagos y un panel — en vez de las cuatro suscripciones que hoy sostienes a mano.
“Estamos manejando todo el negocio a punta de planillas.”
Casi siempre empieza como cinco herramientas pegadas con cinta: una planilla que alguien cuida, un formulario que la manda por correo, un link de pago, un hilo de WhatsApp y una persona que sabe cómo encaja todo. Funciona, hasta que creces — y ahí la cinta es el negocio.
Un SaaS a medida es la alternativa: una sola pieza de software construida en torno a cómo ya funciona tu negocio. Cuentas y permisos para tu equipo y tus clientes, las pantallas donde de verdad pasa el trabajo, pagos o suscripciones si cobras por ello, y un panel que responde en un solo lugar lo que hoy respondes abriendo tres pestañas.
Se construye por etapas, así usas la primera versión funcionando en semanas en vez de ver algo terminado en seis meses. El código, la base de datos y la cuenta de hosting son tuyos desde el principio. Lo que mueve el precio es cuántas pantallas y cuánta lógica — no cuántos usuarios termines teniendo.
Tus clientes entran y ven lo suyo — pedidos, archivos, avances, facturas — en vez de escribir para preguntar en qué va.
La planilla en la que de verdad opera tu equipo, convertida en software: permisos, historial y nadie pisando la fila de otro.
Cobras mensual por acceder a algo. Registro, planes, cobros, cancelaciones y el producto en sí — un solo desarrollo.
Dos lados que tienen que encontrarse, con disponibilidad, reglas y dinero moviéndose entre ellos.
Cuatro situaciones en las que esto es lo que no hay que comprar. Si alguna es la tuya, dilo en la llamada y te apuntamos a la respuesta más barata.
Algo que ya existe lo hace. Si un CRM, una app de reservas o Shopify cubren la mayor parte, paga la suscripción — el software a medida se justifica cuando lo que nadie vende hecho es justamente tu negocio.
Todavía estás probando la idea. Pruébala con una landing page y un proceso manual. El software es lo que construyes después de que alguien ya pagó por la versión manual.
En realidad es un sitio con un formulario. Eso es un sitio web — desde $2,000 y unas dos semanas — y hace el trabajo por una fracción de esto.
Nadie de tu lado puede hacerse cargo. Esto necesita una persona que decida qué tiene que hacer y responda preguntas cada semana. Sin eso el desarrollo se queda parado, y un desarrollo parado es el más caro de todos.
Desde $4,500. Lo que mueve el número es cuántas pantallas hay y cuánta lógica va detrás — un portal de clientes con cuatro pantallas y un marketplace con cobros en los dos lados no son el mismo desarrollo. Recibes un número fijo después de mapear las pantallas juntos, antes de que empiece nada.
Se construye por etapas, no se entrega de una sola vez. La primera versión funcionando — la parte que reemplaza lo que hoy haces a mano — suele estar en semanas. El resto se va sumando arriba mientras ya la estás usando.
Tuyo. El repositorio, la base de datos y la cuenta de hosting están a tu nombre desde el primer commit. Si algún día quieres que otro desarrollador lo tome, puede — de eso se trata que no esté en una plataforma nuestra.
Un software al que la gente entra necesita a alguien mirándolo. Eso es el plan de soporte — actualizaciones, monitoreo, respaldos y cambios chicos — y es algo mensual aparte, no algo escondido en el precio del desarrollo.
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